Restaurante Gallego en Barcelona

Pimientos del Padrón, un manjar único

En nuestro restaurante gallego en Barcelona no podían faltar los pimientos del Padrón. Pequeños, verdes y sabrosos, llegaron a Galicia desde México de la mano de los frailes franciscanos en el siglo XVI. Hoy son uno de los pimientos más singulares y exquisitos del mundo. Una de las tapas preferidas por nuestra clientela. 

Los originales están amparados por la DOP Pimientos de Herbón, aldea del municipio coruñés de Padrón donde se producen. Se comercializan de mayo a octubre.

Aunque se puede usar en otras recetas, como más se disfruta el pimiento es frito. Se distingue por un sabor dulce con un toque amargo, su semilla grande y cremosa y su piel fina. ¿Qué errores no se pueden cometer al prepararlos? Los vemos a continuación:

1. Confundir su origen

Aunque el pimiento de Padrón se cultiva en varios lugares, el original se produce solo en la zona de Padrón. Para distinguirlos se les ha dado una denominación de origen propia: Pimiento de Herbón. Los primeros de la primavera son un poco más pequeños que el resto. La época de mayor consumo es el verano. 

2. Pensar que son mejores los que pican

Puede haber un 10% o un 25% de pimientos picantes en cada producción, aunque esto no tiene que ver ni con la calidad ni con la autenticidad del producto.

 

3. Pensar que se puede reconocer el que pica

No tiene nada que ver con el tamaño pero sí es verdad que los tonos rojos que adquieren los pimientos más grandes indican que están más maduros y que pueden ser más picantes.

5. No renovar el aceite si se fríen con rabo

El rabo es parte de la planta y dejará el aceite verdoso y amargando un poco el resultado final. En Ocho Patas recordamos que hay que cambiar el aceite con cada fritura. 

6. Poner el fuego bajo, freír lentamente y con poco aceite

El pimiento de Herbón es muy tierno y debe freírse rápido para que queden de color verde intenso. Si los hacemos a fuego bajo pueden quedar pochados en vez de fritos. Hay que poner abundante aceite y hacerlos con temperatura alta (170 o 180 grados) para sellarlos bien y que queden al punto.